Escuela de baile ¡¡Ven a Bailar!!
Escuela de baile ¡¡Ven a Bailar!! 

 

 

 NOTICIAS E INVESTIGACIONES SOBRE LOS BENEFICIOS DE LA DANZA

       Cerebro y baile

  • The Class of Dance by Edgar Degas (1874)

“Yo solo creería en un Dios que supiera bailar” Friedrich Nietzsche

 

El baile es una manifestación cultural inherente a la especie humana, en todas las culturas y en todos los tiempos el baile ha estado presente. En el baile, una actividad exclusiva de los seres humanos, el individuo realiza movimientos al ritmo de la música bien en forma individual o en grupo. Así, el baile permite establecer lazos de cohesión social, alineación, imitación, comunicación. El grupo se unifica y se conecta emocionalmente durante el baile. 

Desde la más temprana edad empezamos a movernos al ritmo de la música, incluso antes de hablar o caminar. La capacidad para bailar aparece en forma natural y temprana, algunos estudios muestran como al exponer a niños en forma temprana a ritmos de culturas diversas (primeros 6 meses exposición a diversos ritmos), tendrán más facilidad de bailar en etapas posteriores; después de este periodo crítico (estímulos después del año) el niño solo será sensible a los ritmos de su propia cultura en la primera infancia. Esto es muy similar a lo que sucede con el periodo crítico para el lenguaje. El baile es una forma de juego que sincroniza sistemas cerebrales, aprender a cantar y bailar es bueno para los individuos (Lawrence Parson). Al igual que en el lenguaje y el habla, en el baile existe una conexión entre percepción sonora y control motor. Probablemente en etapas antiguas el hombre observó que al caminar nuestros pasos generan un sonido que tiene un ritmo, estableciéndose una relación entre música y baile.

 

En un aspecto más físico, bailar puede ser una manera efectiva de ejercitar la mente y el cuerpo. Los investigadores han descrito como el hacer actividades físicas con regularidad puede en general contribuir a mantener el cuerpo, la mente y a tener un buen estado de salud a medida que envejecemos. El ejercicio aumenta la concentración en el cerebro de las substancias químicas que fomentan el crecimiento de las células nerviosas. Cuando practicamos un baile que nos exige recordar pasos y secuencias, estimulamos el poder mental ya que mejoramos nuestra memoria.

El baile es una actividad lúdica, social y deportiva. Desde el punto de vista neurológico al bailar se activan áreas sensoriales, motoras y de integración. Bailar implica coordinar una serie de movimientos corporales secuenciales, esto debe hacerse en periodos de tiempos concretos, tiempos que están determinados por el ritmo de la música. En el baile interviene la memoria a corto y a largo plazo, necesarias para recordar la secuencia de movimientos; se requiere también de percepción visual y percepción auditiva, coordinación motriz, equilibrio, comunicación y empatía para predecir los movimientos del otro, los movimientos de la pareja o del grupo.

 

Los beneficios que se derivan de la práctica del baile son múltiples e incluyen: el estimular áreas como el hipocampo, el área del cerebro que regula memoria, el estado de ánimo, y las zonas relacionadas con la coordinación del cuerpo. También se refuerzan patrones mentales de movimiento y coordinación con cada uno de los movimientos aprendidos. Durante el baile se induce liberación de endorfinas y otros neurotransmisores relacionados con el afecto, lo que reduce o previene alteraciones como la depresión. Bailar produce placer debido a que se libera endorfinas y dopamina, neurotransmisores involucrados en el afecto y el amor; permite además la adhesión social (relacionado con la oxitocina) y nos hace más atractivos a los ojos de los demás. Movimientos coordinados y armónicos pueden ser indicios de una potencial pareja saludable con una adecuada carga genética. La música es procesada en zonas cercanas a las zonas de procesamiento de emociones y memoria; de allí que música y danza pueden hacernos evocar momentos particulares.

También se aumenta la oxigenación cerebral. El baile es un ejercicio aeróbico que ayuda al fortalecimiento cardiovascular y de músculo esquelético. En los niños favorece la concentración, la atención, la memoria, trabajar y pensar más rápido, y a formar nuevas interconexiones neurales.

Peter Lovatt, director del Laboratorio de Psicología Dancística de la Universidad de Hertfordshire, afirma que bailar ayuda al cerebro a generar nuevas rutas de pensamiento, nuevos circuitos neuronales, especialmente cuando se combina con el canto y la música. El baile enseña a planificar y controlar tareas distintas que se ejecutan simultáneamente.

No importa si se trata de ballet o baile de salón, tango, salsa, merengue o bolero, el baile es muy bueno para ayudar a las personas de todas las edades y capacidades físicas a mantenerse en forma, sin importar sus limitaciones físicas. Un adulto de 75 kgs puede quemar aproximadamente 150 calorías practicando un baile en forma moderada durante 30 minutos.

 

El baile como terapia

Algunos estudios han mostrado que el baile disminuye el riesgo de demencia. Se ha reportado que las personas que practican el baile de salón al menos dos veces por semana son menos propensas a sufrir de demencia. Esto brinda esperanzas en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, ya que  el baile estimula la actividad prefrontal y temporal y a mejora las habilidades de comunicación, la memoria y la atención. Algunas investigaciones han mostrado que ciertas personas con la enfermedad de Alzheimer pueden recordar cosas que habían olvidado cuando bailan al ritmo de una música que conocían.

Por otro lado se ha reportado el efecto benéfico del baile, específicamente del tango, en la enfermedad de Parkinson en adultos mayores. Patricia McKinley encontró que mejora el estado cognitivo y el sentido del equilibrio en pacientes con Parkinson, pues en el tango se incorporan ejercicios de rehabilitación psicomotriz que incluyen pasos adelante, pasos hacia atrás, pasos de lado, apoyo en una sola pierna, caminar en línea recta, dar vueltas en espacio reducido. También se afirma que bailando podrían mitigarse los daños neuronales dejados por esta enfermedad y mejorar capacidades como la capacidad de generar ideas nuevas y creativas (pensamiento divergente).

También se ha estudiado los efectos del baile en la autoestima de quienes lo practican y aparentemente podría fortalece nuestro amor propio.

 

GABA y baile

Científicos de la Universidad de Oxford han encontrado que la capacidad para aprender tareas complicadas (bailar es una de ellas) es proporcional a la cantidad de una sustancia química llamada GABA, un neurotransmisor que regula la actividad eléctrica de las neuronas. El GABA es un neurotransmisor inhibidor importante para la plasticidad de la corteza motora frontal, una región del cerebro involucrada en la planificación, el control y la ejecución de movimientos voluntarios.

 

Se ha reportado que una reducción de GABA en hasta un 30% aumentaba la velocidad de aprendizaje en un 70%. Los resultados sugieren que el nivel de GABA pueden ser clave en la corteza motora para realiza las conexiones neuronales que constituyen la base celular del aprendizaje y la memoria. Este hallazgo ofrece una ventana importante en la recuperación después de una lesión cerebral, como en el caso de un accidente cerebrovascular. Reducir GABA y estimular actividades como el baile podrían favorecer la rehabilitación del paciente.

 

En resumen la danza es una actividad neural en la cual se integra lo emotivo, lo sensorial, lo motor, lo racional; como alguna vez dijo Isadora Duncan: “Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!

 

                 DANZA E INTELIGENCIA EMOCIONAL

 
“La emoción es creadora, en primer lugar, porque expresa la creación entera; en segundo lugar, porque crea la obra en la que se expresa; y finalmente, porque comunica a los espectadores u oyentes un poco de esa creatividad.”
Gilles Deleuze
Trabajar con el cuerpo, ofrecerlo como instrumento de expresión y de comunicación es una elección en la cual el aspecto emocional se vuelve fuente de toda creatividad y elaboración personal. Allí donde comunicamos y danzamos residen todas aquellas emociones de las que estamos hechos. Emociones históricas, actuales y también futuras, ya que pensar en aquello que deseamos gestar implica también una puesta y proyección emocional. Muchas veces las instancias futuras y lo incierto generan un desgaste emocional que puede traducirse en niveles de ansiedad que al no ser elaborados llegan a afectar el cuerpo.
 
La palabra emoción deviene de la voz latina “Emotio”, “Emoverse” y alude directamente a producir un movimiento, un impulso que induce una acción. Un desplazamiento del alma o del ánimo que nos sacude y nos conduce. Siendo las emociones la manera en la que el cuerpo responde a los sentimientos, los traduce y los expresa. Prácticamente, emoción como un sinónimo de la danza. No hay danza posible que no sea emoción en sí misma.
 
Entonces, si la danza es emoción, existe también un sistema inteligente en nosotros para enriquecer su praxis y para potencia la inteligencia creativa que da vida y forma a nuevas ideas y nuevas expresiones. Una posibilidad de explorar en la experiencia de la propia danza de cada artista y de su transmisión armónica entre lo que un bailarín siente, danza y también piensa.
 
“Baila primero, piensa después. Es el orden natural”.  
 
Samuel BeckettDarse la posibilidad de reflexionar sobre la propia praxis dancística, es darse la posibilidad de enriquecer la comunicación tanto con el mundo interno como en su expresión sobre el mundo externo y aquietar sensaciones, percepciones y pensamientos que puedan afectarnos.
 
Inteligencia Emocional
 
El término de Inteligencia emocional nos invita a pensar de qué manera administramos y nos relacionamos con nuestras propias emociones, cómo nos vinculamos con ellas y cómo nos vinculamos con las emociones de los otros. De qué manera elaboramos nuestros miedos, tristezas, afectos, enojos, alegrías. Emociones fundantes de nuestros movimientos, de la expresión de nuestro cuerpo, del contenido de nuestra danza.
 
¿Cómo abordamos los silencios?, ¿de qué manera los habitamos y qué producen ellos en nuestro cuerpo?. Toda emoción traduce un sentimiento que se expresa en el cuerpo. Exactamente lo que hacemos cuando bailamos.
 
Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos”. 
Robert Fripp
Muchas veces creemos que el conocimiento solo parte de la palabra, y subestimamos la posibilidad que nos brinda el silencio abriendo un espacio de introspección y reflexión que puede acercarnos a un mayor conocimiento de nosotros mismos, de nuestra emocionalidad y desarrollo.
 
Emociones Inteligentes
“La inteligencia emocional no es lo contrario de la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza. Es la única intersección de ambas.”
 David Carusso.
Acerca de la Emoción:
 
Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia y que también se alojan en nuestro cuerpo modificando así nuestro lenguaje corporal y las señales que emitimos al otro desde nuestra corporalidad.
 
Las emociones cumplen una importante función adaptativa en nuestro organismo y en la interacción con el mundo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras. Pensando en la crisis como una antesala del cambio donde dialogan lo viejo y lo nuevo, lo que fue y lo que aún no es.
 
Existen 6 categorías básicas de emociones:

MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.
SORPRESA: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
AVERSIÓN: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
IRA: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.
ALEGRÍA: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad.
TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo.
 
Si tenemos en cuenta esta finalidad adaptativa de las emociones, podríamos decir que tienen diferentes funciones:

MIEDO: Tendemos hacia la protección.

SORPRESA: Ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.

AVERSIÓN: Nos produce rechazo hacia aquello que tenemos delante.

IRA: Nos induce hacia la destrucción.

ALEGRÍA: Nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien).

TRISTEZA: Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.
 
Acerca de la inteligencia:
El término inteligencia proviene del latín intelligentia, que a su vez deriva de inteligere. Es una palabra compuesta por otros dos términos: intus (entre) y legere (escoger – elegir). Por lo tanto el orígen etimológico del concepto de Inteligencia hace referencia a quien sabe elegir.
 
La Inteligencia posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución de un problema. De acuerdo a lo descrito en la etimología, un individuo es inteligente cuando es capaz de escoger la mejor opción entre las posibilidades que se presentan a su alcance para resolver un problema.
 
Inteligencia Emocional:
La inteligencia emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada. Conociendo y explorando nuestro mundo emocional, para desde esa compresión, poder escoger las alternativas resolutorias de manera armónica y positiva.
 
Características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente:
  • Poseer suficiente grado de autoestima
  • Ser personas positivas
  • Saber dar y recibir
  • Empatía (entender los sentimientos de los otros)
  • Reconocer los propios sentimientos
  • Ser capaz de expresar los sentimientos positivos como los negativos
  • Ser capaz también de controlar estos sentimientos
  • Motivación, ilusión, interés
  • Tener valores alternativos
  • Superación de las dificultades y de las frustraciones
  • Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.
 
“Cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos, mejor podremos leer los de los demás.”
 Daniel Goleman
Daniel Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y conocer los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Ni más ni menos que las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social.
 
Pensando en las habilidades de la Inteligencia Emocional y su articulación con la praxis dancística:
Las competencias que enuncia la teoría de la inteligencia emocional pueden pensarse en términos del mundo interno y mundo externo.
 
Inteligencia Intrapersonal ligada al mundo interno desde donde nace nuestra danza:

Autoconocimiento. Como la capacidad de poder reconocer y procesar las propias emociones, fortalezas, oportunidades de mejoras y qué efectos tienen las mismas en nuestro aprendizaje. De qué manera podemos capitalizarlas para que entonces podamos identificar en nosotros mismos, cuáles son los elementos internos que están al servicio de nuestra creatividad, y nuestra capacidad estética y comunicativa, y cuáles son los que pueden llevarnos a puntos de inhibición en los movimientos y expresiones artísticas. Sin dudas una instancia muy rica de conocimiento personal para que cada bailarín pueda ahondar en su propio proceso de desarrollo integral.

Autorregulación. Entendiendo a la misma como una posibilidad de moderar, templar, potenciar y atenuar las propias emociones de acuerdo al objetivo de expresión buscado. Es decir, una vez realizada la identificación de las propias emociones, podemos comenzar a desarrollar la regulación de las mismas acorde al movimiento que deseamos explorar. Habrá emociones para templar, otras para potenciar, suavizar, energizar, explorar, matizar y contrastar de acuerdo a la búsqueda personal.

Automotivación. Siendo uno de los elementos más potentes que podemos desarrollar como artistas. Se define a la motivación como ese estado emocional que nos permite perseverar y manejar con inteligencia las adversidades y frustraciones. Sin dudas, la labor en la danza requiere de un sentido de trabajo, compromiso, pasión y disciplina sin los cuales no puede acceder a un desarrollo complejo y enriquecedor. La posibilidad de sostener la propia motivación es el motor que nos sostiene en el camino del aprendizaje.
 
Inteligencia Interpersonal ligada al mundo externo en el que danzamos:

Empatía. La Real Academia española nos cuenta que la empatía es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Es la posibilidad de sintonizar con el otro y desde esa compresión poder establecer un vínculo afectivo y de comunicación acertiva. Habilidad más que interesante a la hora de pensarnos en el trabajo corporal con el otro, en la necesidad de establecer redes de confianza y entrega para un trabajo conjunto y armónico. La empatía nos permite sintonizar con esa experiencia donde podemos percibir la emocionalidad del otro y desde allí establecer relaciones más ricas y complejas.

Destreza Social. La destreza social es entendida como una habilidad que nos permite gestionar nuestras relaciones con los demás en términos de mutuo aprendizaje y de intercambios enriquecedores. El desarrollo de la empatía antes mencionada, es una de las herramientas fundamentales para desarrollar cierta destreza social, además de la identificación de nuestra propia forma de expresar las emociones y de identificar las emociones de los otros. De este modo, podemos también reflexionar sobre el contagio emocional que se produce en nuestros vínculos cotidianos y también en nuestros vínculos con quienes compartimos el trabajo en la danza. Desarrollar una gestión de relación con el otro, deviene en beneficios sobre la calidad artística desarrollada, sobre el mensaje transmitido, y sobre la capacidad comunicativa de nuestra tarea. Además de proveernos de espacios saludables de contacto con el otro y sus emociones. La destreza social nos permite conectar con el sentimiento y ritmo del otro para que el movimiento compartido pueda instalar un diálogo corporal que imprima la expresión deseada en la escena.
 
"La acción debe salir con toda sinceridad, para ello hay que dejar que cada cual se exprese según sus motivaciones internas. Después viene una adecuación de aquel sentimiento a lo que se quiere hacer.”
Pina Bausch
 
Desarrollar nuestra inteligencia emocional, además de aportarnos mejoras en nuestra vida cotidiana, puede enriquecer nuestro camino artístico, invitándonos a explorar nuestras emociones, resolviendo impulsos, pulsos y movimientos que deslizan una praxis personal y noble sobre el mundo externo. Para narrar, para transmitir, para danzar y para contar con el cuerpo las historias que nos susurra el alma. Cuerpo, mente y alma expresando nuestra más sincera danza
 
 
 
“Tu cuerpo es templo de la naturaleza y del espíritu divino. Consérvalo sano; respétalo; estúdialo; concédele sus derechos.”
Henri-Frédéric Amiel
 
Afortunadamente cada día son más las personas que deciden explorar el camino de las propias emociones y de ésta manera también pensar como las mismas se expresan en el cuerpo.
El concepto de salud emocional toma una vigencia relevante a la hora de buscar un bienestar integral que nos facilite gestionar con inteligencia y sensibilidad nuestros movimientos, ideas, decisiones y caminos de vida.
Hoy sabemos que el déficit en la salud emocional puede devenir en un debilitamiento del sistema inmune y presentarse en diversos síntomas que sin su elaboración pueden devenir en enfermedades de diversos grados.
 
“La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre” 
Carl G. Jung.
 
Los invito a tomarse unos minutos y realizar un breve #CheckList corporal para descubrir aquellos mensajes con los que habla el cuerpo.
 
Nuestro cuerpo es el reflejo de nuestra alma. Cada día al despertar, momento a momento, nuestro cuerpo ya no es el mismo, siempre se ve ligado a los cambios del medio y responde a los estímulos de muchas y complejas maneras. Tomemos unos instantes diarios para asomarnos y ver que podemos descubrir.
 
#Cuello: ¿cuán flexible puedo ser frente a otros puntos de vista?.
El cuello nos cuenta acerca de la capacidad para ser flexibles frente a situaciones en las que no nos sentimos cómodos. Momentos en los que nos cuenta empatizar con otros puntos de vista o esforzarnos en comprender la realidad desde otros enfoques. La flexibilidad nos permite desarrollar una mejor adaptabilidad al medio y desde allí nos ayuda a transformar nuestros pensamientos desde lo abstracto a lo específico. #Suavizar
 
#Hombros: ¿Vivimos o soportamos?.
Los hombros nos invitan a elegir entre sentir que sostenemos una carga o sentir que podemos sostener la alegría y la felicidad. Los hombros nos invitan a soltar aquellas situaciones que nos sobre cargan de equipaje y nos limitan el movimiento de nuestros brazos. Indagar acerca de cuál es el “equipaje” que llevamos históricamente y que quizás ya no sea necesario sostener. Pensar en los apegos y su ilusión y proponernos revisar qué elementos siguen siendo necesarios y cuáles necesitan una transformación. #Soltar
 
#Columna: ¿Cómo sostenemos nuestra vida?.
La columna nos mantiene en pie. Su parte superior nos cuenta acerca del apoyo emocional, de sentirnos queridos y de cómo podemos gestionar los momentos en los que requerimos contención. Su parte media, guarda recuerdos del pasado, sus huellas y memorias. Sentimientos de culpa que no pudieron ser elaborados y nos brinda un diagnóstico memorioso de aquello que aún nos duele. Su parte baja nos relaciona con la necesidad de sostén material. Nos interpela acerca de cómo nos relacionamos con nuestras habilidades para gestionar los recursos materiales necesarios de acuerdo a los objetivos de vida, necesidades y proyectos. #Amar #Aceptar #Expandir
 
#Cadera: ¿Cómo tomo las decisiones importantes en mi vida?
Las caderas pueden abrirse, cerrarse, rotarse, expandirse. Todo depende de la forma en la que podemos procesar las decisiones que dan vida. Los temores asociados a los cambios, a lo nuevo, a lo que queremos dar a luz. En las caderas alojamos, para madurar aquello que pronto estaremos listos para dar. #Crear
 
#Rodillas: ¿Podemos ceder, podemos soltar, podemos permitirnos retroceder?.
 Algunas veces para dar esos grandes pasos, necesitamos darnos permiso para retroceder, para doblegarnos a nosotros mismos y desde allí renovar el impulso que nos permite avanzar. Pero muchas veces pensar en retroceder pone en jaque al orgullo y al ego. El orgullo y el ego son parte de la humanidad y aprender a negociar con ellos nos aporta fuerzas renovadas y herramientas potentes para avanzar con seguridad y confianza en el camino del deseo. #Templar #Renovar #Crecer
 
#Pies: ¿Cómo quiero caminar?. ¿Quiero Caminar?.
Los pies nos transportan por la vida, lo femenino y lo masculino trabajan en conjunto para trazar nuestro desplazamiento y nuestra praxis por el mundo. Nos mueven o nos paralizan y nos invitan a pensar como queremos transitar. Sutiles, livianos, dejando huellas, a pasos rápidos o lentos. Con pisadas fuertes, ruidosas o sigilosas. Descubrir cuál es el movimiento que necesitamos en cada momento y que emociones nos posibilitan u obstaculizan esa elección. Decidir cuál es la danza que queremos trazar con nuestros pies para encontrar la expresión de nuestra alma. #Descubrir
 
Psicología para Bailar. Cuerpo, mente y alma al servicio de la danza.
 
 
 
 
El material aquí expuesto ha sido registrado y publicado, entre los años 2010 y la actualidad, constituyendo un aporte a las comunidades artísticas, pedagógicas, psicosociales e intelectuales. Es indispensable otorgar los créditos correspondientes en caso de que se citen total o parcialmente nuestros contenidos.
 
Texto por Nerina Zanoni - Psicología para bailar. Cuerpo, mente y alma al servicio de la danza
Imágen: Ludovic Florent
 
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